
Los mayores de Ribera de Arriba se decantan por los nombres en asturiano y los jóvenes, por la versión castellana, aunque la propuesta de modificar los topónimos es acogida con tranquilidad en el concejo «Qué más dará que se llamen de una forma u otra». La mayoría de los habitantes de Ribera de Arriba, encuestados por LA NUEVA ESPAÑA, acogieron ayer con tranquilidad la propuesta de modificar los topónimos de una buena parte de los pueblos del concejo. No obstante, los cambios tienen también firmes defensores y opositores. En general, los mayores de Ribera de Arriba prefieren la denominación tradicional de pueblos como Bueño -que llaman Güeñu- porque para ellos es «de toda la vida», mientras que la gente más joven opta por los nombres castellanizados, al estar más acostumbrados a ellos. Irene ALONSO
[La Nueva España]
«No tiene sentido que haya un concejo que se llame Ribera de Arriba cuando ya no existe Ribera de Abajo porque lo absorbió Oviedo. Así que me parece bien que lo cambien a La Ribera». Benito Álvarez, vecino de la localidad riberana de Bueño (futuro Güeñu), comentaba ayer con su familia la propuesta municipal de modificar gran parte de los topónimos del concejo para emplear nombres de sonido más tradicional. «No sé. A mí me suena mejor, más guapo, Bueño que Güeñu, aunque Güeñu sea en bable», consideró la mujer de Benito Álvarez, Marcelina Botella. «Nosotros siempre lo llamamos Bueño y ya nos costaba que se quedaran con el nombre, así que Güeñu...» apostilló su hija, Amelia Álvarez. Como ellos, muchos riberanos manifestaron ayer su opinión sobre los cambios en la toponimia local en una encuesta realizada por LA NUEVA ESPAÑA. En general, los encuestados no consideraban que modificar las denominaciones de los pueblos fuera a influir en la forma que los vecinos tienen de llamarlos, pero la población de mayor edad suele mostrarse más favorable a recuperar los topónimos tradicionales -ya que son los que utilizan-, que los jóvenes -acostumbrados a los términos castellanizados-. Así lo resume Marina García, vecina de Bueño: «Güeñu siempre existió, yo lo llamo así desde niña y tengo 85 años cumplidos, pero pa la juventud ye Bueño». Su vecina, Ana García, se muestra «contraria al bable. Cambiar el nombre del concejo no me gusta nada. Puede ser que todo esté encaminado a defender el asturiano y, en el caso de los pueblos que no les llaman en castellano, bueno, no me parece mal. Pero tampoco es algo trascendental, hay cosas más importantes que mejorar en el concejo». Su esposo, José Manuel Vidal, consideraba, por el contrario, que «siempre que no se trate de un nombre inventado para asturianizar, sino de uno tradicional, no me parece mal que se cambie». Pero residentes «de toda la vida» en la localidad, como es Olimpia Vázquez, opinan que: «nosotros, Güeñu no lo decimos nunca, lo decimos con B de burro». También es parecido el caso de Segifredo Menéndez, que no conocía el topónimo «La Ribera. Puede que venga de muy antiguo o ser nuevo, el caso es que nunca lo oí». Sí hay casos de nombres inventados. O así lo comenta Vicente Álvarez: «Aquí ni decimos Bueño ni Güeñu, sino Bueñu, que es una mezcla». Tanto él como Berlarmino Fernández, director de la Casa de Cultura, proponen mantener la doble denominación y que los indicadores «tengan los dos nombres». Esta propuesta está en sintonía con los comentarios de Natividad Riesgo. Nacida en Salas y vecina de Bueño desde hace unos cuarenta años, no tiene preferencia por ninguno de los dos nombres, «pa mí ye igual que esté de una forma u otra. La verdad es que lo digo con "b" o con "g" según se me viene a la boca en cada momento».